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La revolución se fragua aquí

Archive for Agosto 28th, 2005

Emancipación masculina

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Hoy vivimos en el siglo de la emancipación femenina, las mujeres han entrado masivamente al mundo laboral, son ya mayoría en las universidades, y parece que están dispuestas a ir con fuerza hacia la igualdad de sexos.

Aún así todavía estamos en los primeros pasos, porque aún cuando vemos a una mujer conduciendo una guagua (autobús para los no canarioparlantes), nos giramos y le decimos al amigo que viene detrás mira tio es una mujer, como si nuestro amigo no pudiese el solito determinar eso.

Pero yo personalmente creo que la emancipación femenina no llegará a mucho mientras los hombres no decidan también emanciparse de las mujeres. Si, como lo leen, hoy un hombre para que la ropa llegue al armario, se doble y se ponga en las perchas, necesita de la mujer, el por si solo va metiendo la ropa sucia en la cesta que le corresponde, eso son los más avanzados, los demás simplemente la tiran encima de alguna silla de la casa y cuando tenga que darle la vuelta a los calzoncillos para tener ropa interior es cuando se pregunto que es lo que ha pasado. Y claro pensará que la lavadora está rota, llamará al técnico y este le dirá que está todo en orden mientras abre la puerta de la lavadora y saca el compartimento donde se pone el jabón y el suavizante, el hombre exclamará con cierto enfadado que qué es lo que acaba de hacerle a su lavadora.

El homo erectus machitoide de nuestra era es ese que se levanta en mitad de la noche, corta pan, llenándolo todo de migas, y tras untar mantequilla en el susodicho, meterá el cuchillo que aún está lleno de mantequilla en la mermelada dejando esta llena de mantequilla y dejándola hecha una mierda, y luego decidirá prepararse otro tentenpié y meterá el cuchillo lleno de mermelada en la mantequilla, vamos que deja todo hecho un asco. Cuando está saciado el ser con los pies delcalzos a los que se le pegan todas las migas repartiéndolas por toda la casa, incluso dejando restos entre las sábanas, se va a dormir de nuevo dejando todo ahí tirado, el utensilio y la mantequilla que parece mermelada y la mermelada que parece mantequilla y no pasa nada.

Los que hemos tenido la experiencia de compartir piso con otros hombres hemos podido apreciar como acaban esas casas. Hay que decir que son un lugar muy ameno y divertido pues siempre hay gente, la casa parece el bar de la esquina, todo el mundo está ahí, eso es lo bonito. Pero cuando vas al baño porque la vejiga te va a explotar y descubres que el baño de tu casa también se parece al del bar de la esquina todo esto empieza a perder su esplendor. Tener que mear a tres pasos del water en tu propia casa no es muy divertido, y menos aún ver que el piso de azulejos blancos se ha teñido de un extraño color amarillo.

En las convivencias de hombres, lo mejor es la nevera, hay unos yogures caducados desde hace 3 meses los cuales ya tienen vida propia, son un cultivo de hongos alucinojenos, que como venga un día la policía te meten preso por estar en posesión de estupefacientes.

Y hablando de convivencias de hombre, ¿quien no se ha quedado sólo unos días con su padre? Nunca en tu vida vas a pasar tanta hambre, de pizzas congeladas y encima quemadas a más no poder es el desayuno, almuerzo y cena, pero eso es porque tú no sabes nada de cocina, porque esa pizza no está quemada, está crujientita, al menos eso dice tu padre. Y cuando ya no hay platos pues se pone la galleta de chocolate, perdón la pizza, sobre un poco de papel albal y ya está.

¿Por qué creen que se han inventado los platos, vasos y cubiertos plásticos? Para que los hombres solteros puedan sobrevivir sin mayores problemas de envenenamiento por reutilizar platos sucios.

Así es que nosotros, los hijos, nos entra el pánico de sólo pensar que nuestra madre se tiene que ir unos días. Así es que las mujeres se tienen que emancipar, claro que sí, pero los hombres también, porque aún queda mucho por hacer para que realmente haya igualdad, porque mientras los padres sigan diciendo que sus pizzas son crujientes, los hijos e hijas seguirán pidiendo a sus madres que les prepare algo de comer. Así es que las mujeres tienen que seguir con su plan de emancipación, pero los hombres también, sobre todo porque si no lo hacen los últimos, en las convivencias de parejas, los hombres aguantan mucho más la suciedad que las mujeres, y al final estás terminarán limpiando y recogiendo por asco y el marido, novio o lo que sea saldrá ganando, es por eso que tienen que poner ambos un poco de su parte, así todo será mucho más fácil.

Yo ya he dado el primer paso, soy un amo de casa profesional, mantego mi casa limpia, cocino, incluso he hecho un curso de cocina, y me va muy bien.

Bombones

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Yo soy un amante del chocolate, me encanta, podría comerlo a todas horas. Cuando no se que regalar a alguien en esas ocasiones especiales que a todos nos tocan alguna vez, pues suelo comprar unos bombones. Pero claro, ya que son un obsequio pues compras unos que sean algo especiales. Pero claro contamos con que quien los reciba nos invite a uno de esos deliciosos y dulces manjares.

Yo soy un amante del chocolate.

Así llega el gran día, tú llevas toda la semana pensando en la opción de comerte los bombones de las esquinas que son los que pasan más desaparcibidos, pero no, te has compartado como un campeón, y vas a entregar el regalo tal cual…, tal cual lo robaste de la tienda. Pero claro, estos son algo que sólo podrás adquirir una vez en la vida, sí, más que nada porque pagarlos no puedes y en la tienda ya se quedaron con tu cara, por eso lo mínimo que puede hacer tu amigo es invitarte a un par de ellos por el gran sacrificio que has hecho, me parece algo fundamental.

Como íba diciendo llegamos al cumpleaños de nuestro amigo, le doy la caja de bombones con toda mi buena voluntad, de hacerle un regalo, pero claro catando la mercancía, y este me da las gracias, se mete dos a la vez en la boca, se reboza todo de chocolate y aún con el relleno de nougat pegado a las paletas me ataca disparándome a la mejilla con un perdigón de baba con chocolate y me dice: “¡Bvoy a buardarlas ants de que enga la ente!” Y ahí me quedé con un mínimo resto poco apetitoso en el cachete y con una cara de gilipollas que era indescriptible mientras veía desaparecer esa caja de bombones en alguna habitación y yo sin probar ni uno, ni uno joder. Desde entonces ya no lo he vuelto a mirar con la misma cara. Coño si tan mal está, pues yo le hubiera regalado dos barras de pan y tres latas de paté. Ahí es cuando pienso: “¿Por qué coño no me comí los de las esquinas?”

Hoy me he enterado que es un problema muy distendido. He recibido noticias de otros tantos que han regalado bombones, no les han dejado ni oler el cartón que se les pone por encima, y dichas cajas de delicioso chocolate han terminado escondidas en las catacumbas más recónditas de la casa del amigo que recibe el presente. Así es que he planteado la hipótesis de que los amigos son para los bombones como los cochinos para cáscaras.

En mis años mozos, ahora ya tengo 22 años, si querías comerte algo en la calle con los amigos, tenías que llevar una unidad para tus amigos, y otra para tí, por ejemplo, si te querías comer un bocadillo pues tenías que hacerte uno para tí, y otro para la manada de muertos de hambre pubérticos que se abalanzaban como una jauría sobre cualquier tipo de alimento, en caso de no hacer esto podías olvidarte de tu bocadillo. El truco era decir que ibas a casa a limpiar la cañería, y merendabas allí a gran velocidad sin levantar sospechas y antes de salir a la calle asegurarte de que no te quedan grumos alrededor de la boca, ni restos pegados a los dientes. Ahora dirán que yo soy igual de agarrado que mis amigos, pero no es cierto, porque ojos que no ven corazón que no siente. Mis amigos nunca vieron evidencia alguna del bocadillo que me comí en casa, ni del vaso de refresco que me tomé para bajar el bolo alimenticio, porque bajar un bocadillo de tortilla sin salsa alguna y de tres mordidas cuesta un poco, claro tenías que hacerlo y tragarlo en unos minutos, no había tiempo para mariconadas. De esta manera al no haber visto la comida, ni ver indicios de ella lo que sucedió en mi casa para ellos es un hecho inexistente, pero en mi caso y en el de los que regalamos bombones, los hemos visto, los hemos comprado nosotros, eso es una injusticia. Además que merendar, meriendas casi todos los días, y tu madre no va a comprar merienda para tí, y para diez más, entonces pues compartías cuando podías y cuando no te hacías el sueco.

Propongo por lo tanto que si tu amigo no te invita a bombones, intentes averiguar donde están, chuparlos y volverlos a poner en su sitio y luego decir que entró un gato y chupó todos los bombones, lo malo es explicar como llegó un gato al décimo piso, entró por la ventana, abrió la caja que estaba dentro del armario los lamió todos y lo volvió a cerrar todo y dejarlo en su sitio, y como fue posible siento todo esto así que tu te dieras cuenta, pero bueno ya se nos ocurrirá algo.

No se tomen tan en serio esto, es más bien un poco una burla. Ahora eso si creo que la gente cada día es más egoista, creo que la gente cada día que pasa pierde un poco de humanidad. Antes los amigos estaban ahí siempre, ahora con cada golpe del minutero la vela de la amistad se derrite y da forma al colega, al conocido que es un mero interlocutor esporádico el cual una vez te des la vuelta no te dedica pensamiento alguno. Mi abuela, no tiene nada, y aún así lo comparte, por más que le digo que no me de dinero lo hace, y si no se lo cojo cuando me descuido me lo ingresa en el banco, y ella lo necesita más que yo. Hoy día en cambio, que cada vez tenemos más, estamos cada día menos dispuestos a hacer partícipes a los demás de nuestro bienestar.