2006
Victoria de los Kaláshnikov
Las armas ligeras son una de las mayores plagas y amenazas para la vida de millones de personas cada día. Ante la tristeza que me produce pensar que las personas, aún hoy día, utilizan tanto esfuerzo en producir y traficar con armas, para matar a sus semejantes, algo que no soy capaz de comprender, siento cierto alivio al ver que hay movimientos que luchan por acabar con esta lacra, la lacra armamentística que desde un principio no debió existir. Pero se ve que como siempre a los políticos les importa una mierda la vida de miles de personas, pues lo que les preocupa es perder un montón de dinero si por fin se pusiese freno al tráfico ilítico de armas, que ellos mismos, estoy seguro, promueven (debajo de la mesa claro). Es un desastre que seamos miles, millones, y que un puñado mísero de políticos dirija el mundo a su antojo, evidentemente no el nuestro, y que encima acatamos sus míseras decisiones. Si es que va siendo hora de que el pueblo se subleve y rueden cabezas, esto último en el sentido figurado.
Las armas no callaron mientras la ONU deliberaba: durante las dos últimas semanas en que se desarrolló la Conferencia sobre armas ligeras, en Nueva York, murieron 12.000 personas en el mundo por culpa del tráfico ilícito de este tipo de armamento, que el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, calificó de “destrucción masiva“. La intransigencia de una minoría de países y la pasividad del resto fueron la razón del fracaso. Y la voz de las ONG fue insuficiente para alentar a que se lograra un consenso sobre una declaración política que permitiera reforzar los controles en las transferencias y establecer principios para un tratado internacional que regule el comercio de armas.
La reunión arrancó el pasado 26 de junio en el marco de las Naciones Unidas con unas expectativas limitadas. La conferencia tenía como objetivo primordial revisar los progresos realizados en el marco del Plan de Acción para la prevención, el combate y la erradicación del tráfico ilícito de las armas pequeñas y ligeras, adoptado en 2001, y establecer nuevos mecanismos de control para evitar que estas armas entren en las redes clandestinas. La ONU estima que de los 4.000 millones de dólares que se mueven al año en este mercado, 1.000 millones van al tráfico ilícito. Esto explica que un millar de personas mueran al día en todo el mundo por estas armas ligeras o de pequeño calibre. La más popular es el fusil de asalto Kaláshnikov, según las ONG Intermón Oxfam y Amnistía Internacional.
Las ONG hicieron presión durante la reunión en cinco cuestiones principales: reforzar los controles en las transferencias de armas ligeras para evitar que se desvíen hacia redes ilícitas; incluir la munición en el plan; regular la posesión civil; establecer principios básicos para un tratado que regule el comercio de armas; y ligar estos principios al desarrollo. Pero su voz y los números que se pusieron sobre la mesa durante la conferencia fueron insuficientes para forjar un consenso.
Una vez más, como suele ocurrir en las conferencias de la ONU, se impusieron los intereses de un restringido grupo de países sobre la posición de la mayoría. “Algo parecía que iba a salir. Al menos un texto descafeinado. Pero es que no hay acuerdo formal en nada“, se lamentaba tras el cierre de la reunión. La negociación se topó con la oposición de un puñado de países en los cinco temas principales a debate, a lo que se sumó la pasividad de la mayoría y una posición débil del presidente de la conferencia, Prasad Kariyawasam.
“La comunidad internacional ha perdido una oportunidad de oro por no ponerse de acuerdo en un tema trascendental para la seguridad y la estabilidad en muchos países pobres“, lamenta Ricardo Magán, responsable de la compaña Armas bajo control de Intermón Oxfam. “Esto a quien le afecta es a los millones de personas que viven cada día bajo la amenaza y los efectos de estas armas de destrucción masiva. Mucha gente estaba interesada en que saliera algo de la conferencia“, remacha, a la vez que culpa a todos los países en su conjunto por el fracaso. Julios Arile, atleta superviviente del conflicto en Kenia, no ocultó su decepción por el resultado de la conferencia. “El mundo no ha hecho nada por ayudarme ni a mí ni a un millón de personas como yo“, dijo el keniano, que entregó a Kofi Annan una petición firmada por un millón de víctimas como él en 160 países.
Hay días en los que pienso que vivo en un mundo de mierda, dirigido (eso no lo dudo nunca) por un montón de gente de mierda, y en el que ocurre tanta mierda que dan ganas de vomitar, pero es precisamente por eso, por lo que no podemos parar de luchar por lo que es justo y necesario, pues no hay momento en el que esto sea más necesario que ahora. ¡Luchémos por un mundo mejor!
-
Encuestas
Loading ...-
Ultimos comentarios
Flickr






Actividad online
La hora que se me ha hecho...
Que va, esto de tanta charla no es compatible con la codificación de encuestastas.
Vamos a ver lo que es eso de #veo7 de lo que habla todo el mundo ahora mismo.
Calendario
Archivos
Categorias
Etiquetas
ateísmo blog Buenafuente cambio climático Canarias capitalismo caspa censura conocimiento conservadores contaminación crisis democracia derechos humanos desigualdad economía educación elecciones energías renovables entretenimiento España Estados Unidos Gran Canaria ignorancia internet Kanye West libertad lucha manipulación medios mentiras mujer nacionalismo novedades Obama PP publicidad racismo Rajoy SGAE sociología Tenerife trabajo violencia ZapateroAmigos
Gofiosfera
Links
Leave reply