
En Tenerife vivimos tiempos de atropello democrático desde hace mucho tiempo, al igual que en el resto de las Islas Canarias. La élite política, que a su vez, en muchos casos al menos, suele ser élite empresarial y por tanto económica, mueve las fichas a su antojo, aprovechando la situación de poder para su propio provecho y el de sus allegados.