De la gracieta de añadir una carita sonriente “:-)” al final de un email, que en cierto sentido incluso podía tener su gracia hemos pasado a exaltados gráficos que se esconden tras las cadenas de caracteres más comunes y constantes en una conversación, mostrándose así insolentes y empeñados en impedirnos comprender lo que se nos intenta decir.
Para mi los emoticons o idioticons como he visto que los llaman muchos, se han convertido en una auténtica pesadez que concibo como cansina y no veo en ellos una ayuda para transmitir un mensaje, sino todo lo contrario, un impedimento, porque claramente se está haciendo un mal y abusivo uso de los mismos.
Pues los emoticons, esos pesados y exaltados gráficos, cumplen el 19 de septiembre 25 años. La verdad es que ya están bastante mayorcitos para seguir comportándose de esta forma tan infantil.
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